sábado, 15 de noviembre de 2014

La Danza del Tigre y el Venado


[Por: Alfonso Huezo]
En la zootropía religiosa de nuestros pueblos precolombinos eran tenidos como tríptico de mayor jerarquía EL TIGRE O JAGUAR, LA SERPIENTE Y EL AVE. Siendo, además, arquetipos en el arte simbólico mesoamericano. Los Olmecas, de épocas remotas adoraban al jaguar; animal totémico que ellos consideraban como su protector.
En las épocas teocráticas, los elementos trípticos cambian y vemos ya en sus ideogramas la presencia de símbolos que aducen a la agricultura y a los ritos agrarios: tierra, agua y fertilidad. En la época clásica de los mayas predomina la máscara del Dios CHAC, como dador de la lluvia; para los nahoas es el animal nocturno encarnación de TEZCATLIPOCA y para los Nonualcos-Pipiles de San Juan Nonualco era el TECUANI, dador de los mantenimientos. Dentro de las FIESTAS CÍVICAS RELIGIOSAS Y EXHIBICIONES POPULARES DE EL SALVADOR, se destacan por su originalidad y alto sentido ancestral las festividades religiosas agrarias del Día de la Cruz, celebradas en San Juan Nonualco, del uno al tres de Mayo.
Se pone en ello de manifiesto, tal como lo dice González Sol que: “uno de los aportes más valiosos al folklore y etnografía nacionales, son las costumbres populares relativas a representaciones públicas del teatro primitivo, observadas en nuestras ferias, fiestas y romerías, puesto que en los diversos actos de la celebración de estos jolgorios, mitad religiosos y otro tanto profanos, es donde se manifiesta al desnudo en explosiones de sincera alegría y franco entusiasmo, el alma de nuestros grupos raciales indígenas y mestizos, pudiendo entresacar de sus bailes, cantos y exhibiciones musicalizadas, las notas puras y el detalle arcaico del espíritu ancestral de nuestros aborígenes”.
Dichas festividades se celebran en honor al Señor de la Caridad. El pueblo está ordenado religiosamente en dos iglesias y seis santuarios, cada uno de ellos ubicado en uno de los barrios en que se divide la población. En el interior de cada iglesia se guarda celosamente un madero que representa una cruz, la que indudablemente era tenida también por el nativo como una manifestación de su Dios de la primavera, el XIPE TOTEC.
Cada barrio elige un Mayordomo y una Tenanse, responsables de la preparación de las respectivas preparaciones religiosas. Son ellos los que hacen las los altares de sus ermitas y recolectan en la comunidad las frutas que colocarán en las tradicionales palancas, las cuales son hechas con dos varas de bambú en forma de cruz y que luego son paseadas en las calles del pueblo, cargadas en hombros, como una manifestación de gratitud y respecto a la naturaleza por los beneficios dispensados a la comunidad.
En una vieja crónica leemos: “Por derecho, corresponde a los dioses recibir las primicias de las frutas cosechadas; el indio no podrá disfrutar de su cosecha sin llenar ese requisito, por eso lleva al templo sus primeros y mejores frutos: maíz, cacao, frijol, ayote, calabazas, limas, etc.; de tal manera que el santuario se convierte en una verdadera exposición agrícola de productos rigurosamente seleccionados entre los mejores y más desarrollados, pues los donantes rivalizan con sus ofrendas, en esa acción de gracias a los dioses”.
LA MARCHA INCONTENIBLE de eso que llamamos modernidad, no ha podido apagar el grito ancestral de una raza indómita y el eco de esa raza se mantiene vivo en la DANZA DEL TIGRE Y EL VENADO, que entre otras cosas nos habla del comunitarismo auténtico que practicaron nuestros antepasados en el reparto equitativo del producto de la caza.
Registra la historia el hecho de que con el advenimiento de la cruz al suelo americano y ya “cuando la iglesia misionera y humilde se transforma en una iglesia iconoclasta, opulenta y poderosa y que lleva la tarea de destruir sistemáticamente las culturas precolombinas, el indio continuaba con sus creencias animistas que daban vida a la piedra y la madera, el zoomorfismo de sus dioses y su arraigado politeísmo”. Los españoles que creyendo combatir la idolatría de nuestros aborígenes, cometieron el mismo error al imponer la suya, rebautizado nuestros pueblos con los nombres del Santoral y al mismo tiempo designándoles sus santos patronos, que merecen el perdón divino por el humano error de divinizarlos.
San Juan Nonualco fue confiado a la tutela de San Juan Bautista; pero, al correr el tiempo y aunque el Bautista siguió siendo el Patrono, se impuso la excelsa figura de Jesús en el Templo del Calvario. Ahí está representado por el Señor de la Caridad. Es a él a quien está consagrado dicho santuario y a Él a quien de hinojos le reza toda la población.
Siendo hecho comprobado que nuestro indio, se resistía a aceptar a ciegas los imperativos del colonizador, antes de doblegarse a la iglesia mayor, parte del pueblo mantenía la dignidad de su propia cofradía y esa cofradía precisamente veneraba, más que al patrono San Juan, al Jesús insustituible.
Noble y sufrido, ingenuo y agradecido, después de recibir el favor del Supremo Mártir, el indio manifestaba su agradecimiento llevando al Templo, pintado con dolor, el CASO por el cual invocaba la protección divina. Aún en los tiempos presentes, por mandato de la tradición, ese Templo del Calvario, en donde la caridad del Señor hacer renacer la fe, sigue siendo algo así como una galería de arte en el cual, el que ha pedido al Señor, convertido en pintor improvisado, plasma en tosco lienzo páginas de su propia vida.
Uno de estos CASOS, según cuenta la tradición fue el que presentó un matrimonio medianamente acomodado. Pidió al Señor de la Caridad un milagro que le fue concedido y en gratitud prometió dar vida todos los años a una ceremonia que ha llegado a nosotros con la frescura de sus primeros días.
Se trata de la cacería del TIGRE que llevan a buen final: el viejo, la vieja y el venado. Sorteando toda clase de peligros, el enemigo es vencido y una vez muerto se procede al reparto equitativo de su carne, de su piel y de sus entrañas entre los hijos del pueblo “Ante una yuxtaposición de religiones, el indio por conveniencia acepta el rito de la fe católica como medio de protección, pero ellos nunca serán católicos sino paganos del rito católico”. 
Cada tres de mayo, al compás de un monótono tambor se repite la manifestación de nuestro teatro incipiente que aunque pobre en lenguaje, pero rico en intención, hace gala de una rima graciosa por ingenua. Es así como el viejo - con ínfulas de barítono y la vieja con desplantes de soprano - pregonan a voz de cuello, por ejemplo: “La cabeza para la niña Teresa, lo de adelante para el comandante, lo de atrás para el juez de paz, el intestino para don Regino” y así a cada quien su parte, hasta que no quede títere con cabeza en aquel pueblo que aún venera la memoria de su insurgente Anastasio. Hábilmente el natural se las ingeniaba para burlar la tutela del clero en sus distintas representaciones de la fe católica, insertando dentro de estas manifestaciones, sus propias creencias y es así como en las celebraciones del rito externo en la adoración de la Santa Cruz, agregaban prácticas del rito interno representando a su jaguar divinizado en lo que conocemos como LA DANZA DEL TIGRE Y EL VENADO, constituyendo probablemente tal proceder lo que pudiéramos considerar como el último grito de la raza. Y aún más, mientras en iglesias y santuarios se exalta la adoración a la cruz, ellos preparan en el patio de sus viviendas, improvisados altares en los que colocan una pequeña cruz que adornan con frutas y flores, escogiendo el palo de jiote para su fabricación, árbol que tiene la particularidad de botar la cáscara o “deshollejarse” y que dentro de sus creencias animistas lo comparan con su dios de la primavera: el XIPE-TOTEC,  nuestro Señor el desollado. Ahora bien, nos intrigan unas preguntas que surgen imperiosas: ¿Por qué se caza y se reparte el tigre y no el venado…. si es una verdad como un templo que el tigre o jaguar era una divinidad que adoraban en los panteones, olmecas, mayas, toltecas y demás pueblos mesoamericanos… no sería nuestro tigre la representación de aquel mismo jaguar divinizado…¿y si fuera así...? no sería su muerte simulada el grito desesperado de nuestros antepasados al ver su fe pisoteada por la bota del conquistador… o ¿sería el gesto doloroso y valiente de preferir destruir a su dios antes de verlo irrespetado por la insolencia de quien venía a imponer con lujo de barbarie un Dios que no era el suyo…? A falta de datos fehacientes que nos lleven al origen de esta ceremonia religiosa pagana, en donde la influencia española se manifiesta en el rifle y la vestimenta del viejo y el garbo pipil con la flecha y el arco o caramba de la vieja, solo nos queda ensayar preguntas. Quede a los investigadores ahondar en el asunto.

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